@ agnasg

Un lector de un solo autor

31-05-2008 2:17 PM

Como si fuera un delito, a algunos autores se les pregunta (luego de preguntas como qué autores te influenciaron), “pero tu principal libro es X, ¿no te da miedo ser escritor de un solo libro?”, o, “¿cómo afrontas el riesgo de que la gente te reconozca solamente por tu novela X?”. Y yo pregunto ¿Y qué? ¿Y sí X era el libro que él/ella estaba destinado a escribir, y los libros previos eran la preparación y los que vinieron después solo divertimentos para pasar la vejez? El mero objetivo de ser escritor fue, en estos casos, escribir la novela X, el resto es el relleno, es, como en el circo, donde los trapecistas son el verdadero espectáculo, y los payasos, el hombre tragafuego y la mujer manquera son simples actos para que nos dé tiempo de terminarnos el algodón de azucar y prepararnos para la verdadera diversión.

Igualmente, ¿cuál es el problema de ser lector de un solo autor? ¿cuál es el alboroto si a mi solamente me gustan sólo ciertos tipos de libros, un grupo reducido de autores, e igualmente un grupo minúsculo de juegos? Al fin y al cabo, hay quienes tienen por hobbie jugar solamente ajedrez. Este tipo de jugadores no juegan a las damas, backgammon ni otros juegos. Solamente ajedrez. Pues, de igual forma, yo prefiero jugar ficción interactiva o roguelikes. Y hago la reflexión porque, a pesar de uno que otro esfuerzo, en realidad he descubierto que no me gustan otros juegos, de la misma forma que el conjunto de escritores que me gustan es reducido. Yo he leído con bastante detenimiento a Nietzsche, Hesse, Joyce y Kafka. Creo que he leído todos los libros de esos autores. Pero me niego a leer a Goethe, Proust, o Stendhal, por ejemplo, que podrían ser autores afines. De igual forma, ya no siento remordimiento de jugar ficción interactiva o roguelikes. ¿Me quedé en el pasado? No lo creo. Creo que, quizás, tuve la oportunidad (debido a que estoy jugando juegos de computadora desde 1980), de entrar en contacto con este tipo de juegos, a los que yo llamaría juegos puros. Esto es, aquéllos en los que lo importante es la inmersividad no solamente en el juego, sino en el protagonista y la historia.

No me refiero a pasiones como la de algunos cinéfilos a Ingmar Bergman, o de algunos lectores a los libros de Dostoievski, perturbaciones que podríamos llamar más bien obsesiones, o sado masoquismo cinematográfico o literario. Me refiero a un entendimiento. Algo que se acerca más a un conocimiento arcano. El equivalente a conocer la verdad detrás de la sonrisa de la Monalisa: los que jugamos roguelike y ficción interactiva hemos descubierto un arcano, la llave que abre todas las puertas, la piedra filosofal que transforma en oro todos los metales. Y como sucede con este tipo de sabiduría hermética,somos muy pocos lo que sabemos. Nosotros lo sabemos.

Igual conocimiento ignoto tienen los que programan lisp. Ellos están convencidos que tienen la mejor herramienta de programación, el lenguaje con el que está codificado el universo, el lenguaje que usaría Dios, ni más ni menos. Sin embargo podemos contar con los dedos de la mano el número de programadores de lisp en el mundo. Inclusive hay argumentaciones bien elaboradas de por qué la gente no usa ese lenguaje (lo que pasa es que es difícil bajar el compilador).

Así que, perseguimos la calidad, la pureza usando el
impulso vital. Destruimos los falsos ídolos con la fuerza de nuestro conocimiento arcano. Lo que Nietzsche llamaría hablar con el martillo en la mano. Escarbar detrás del barro, revisar hasta el tuétano nuestras creencias y regresar a lo primigenio, poner en duda, en fin, cualquier cosa distinta a la lanza, el fuego y la cueva. ¿Sigo hablando de los roguelikes y la ficción interactiva? Sí. Todo el tiempo…
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